Algo Salvaje Vol 2

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SKU: MR 359  |  , , ,

El esperado segundo volumen de Algo salvaje, nuestra serie de indómitos nuggets de beat y garage español. Algo salvaje es la primera antología legal dedicada a una fértil época en la que surgieron cientos de bandas por toda España que, tras prestar atención a lo que sus colegas británicos y americanos estaban haciendo, encontraron la forma de descargar su rebelión juvenil a través de ruidosas guitarras. ¡Con fantásticos resultados! Muchos de los 28 temas se reeditan por primera vez, incluyendo verdaderas piezas de coleccionista. Ambos formatos incluyen notas interiores a cargo de Vicente Fabuel acompañadas de todas las portadas originales y fotos de los artistas.

Aquí estamos de nuevo con el segundo volumen de Algo salvaje. No se ha hecho esperar demasiado, aquí llega raudo y veloz manteniendo la llama que encendió el primer volumen. Un festival de beat crudo, directo y agresivo, más las lógicas digresiones estilísticas de acuerdo al psicodélico devenir de los tiempos. Señas de identidad de este segundo lanzamiento capaz de legitimar la escena española del garage-beat como una de las grandes propuestas musicales (y sociales) en aquella anómala España que se desperezaba a duras penas de ataduras dictatoriales. Retomamos de nuevo aquellos días celebrando una gamberra y puramente hedonista aventura juvenil (salvo excepciones, de escasos visos profesionales) que articulaba una propuesta musical capaz de explicar hoy a cualquiera que, incluso inconscientemente, en aquellos días se montaron pequeñas trincheras sobre un pedal fuzz. Si las radios y la televisión española fueron sistemáticamente copadas por las canciones populares más amables y dóciles, esta nueva refriega beat forjada y urdida básicamente en las caras B de los sencillos instituyó una cultura paralela generadora de una valiosísima escena oculta fuera de los focos y de la omnipresente censura. Urbanitas o rurales, universitarios o iletrados con apenas las cuatro reglas básicas, poco tuvo que ver su grito musical ni con los estudiados arrebatos sociales del cantautor, ni con la pertenencia a ninguna concreta escena musical alternativa. El adolescente más inquieto entendió que la peligrosa química social de esos años exigía movimientos ágiles y economía de medios. Es decir, los oídos bien abiertos sin orejeras restrictivas de ningún tipo: beat, rhythm & blues, rock & roll, Bo Diddley beats, folk-rock, primeros aires psicodélicos… Una escena local entonces tan modesta como hoy categórica aparece ante nuestros ojos: críos audaces que, incluso en ese preciso y enfermizo contexto y sin necesidad de articular un discurso adulto y contestatario, se sintieron creativamente libres sin tener jamás que disculparse por gritar Soy así, Yo grito o Diciendo no. Cuesta poco imaginar aquella posible transmisión boca-oreja entre adolescentes de 1966, absortos y enloquecidos tras escuchar y pasmarse con algo tan colérico como el ?Te esperaba’ de Los Pops, incluso después de haber oído la canónica versión de The Animals. Probablemente, deslumbrados para los restos. Una cuarta parte del contenido de este volumen muestra la permanencia del género más allá de 1968, sensible ante la permeabilidad de las nuevas corrientes musicales que aparecen. Y por supuesto, de nuevo encontramos la omnipresente influencia del sonido Liverpool y el beat inglés en general… Todo ello agitado (y bien revuelto) con nuestras propias señas de identidad, un castizo y abigarrado cóctel felizmente reconocido hoy internacionalmente que nos señala con precisión el real kilómetro cero para la justa valoración de esta escena: aquellos inciertos días de los 60 en los que la guitarra eléctrica de un simple chaval de pueblo, al menos durante dos rebosantes minutos, decidió orgullosa no inclinarse ante nada y ante nadie. Vicente Fabuel


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El esperado segundo volumen de Algo salvaje, nuestra serie de indómitos nuggets de beat y garage español. Algo salvaje es la primera antología legal dedicada a una fértil época en la que surgieron cientos de bandas por toda España que, tras prestar atención a lo que sus colegas británicos y americanos estaban haciendo, encontraron la forma de descargar su rebelión juvenil a través de ruidosas guitarras. ¡Con fantásticos resultados! Muchos de los 28 temas se reeditan por primera vez, incluyendo verdaderas piezas de coleccionista. Ambos formatos incluyen notas interiores a cargo de Vicente Fabuel acompañadas de todas las portadas originales y fotos de los artistas.

Aquí estamos de nuevo con el segundo volumen de Algo salvaje. No se ha hecho esperar demasiado, aquí llega raudo y veloz manteniendo la llama que encendió el primer volumen. Un festival de beat crudo, directo y agresivo, más las lógicas digresiones estilísticas de acuerdo al psicodélico devenir de los tiempos. Señas de identidad de este segundo lanzamiento capaz de legitimar la escena española del garage-beat como una de las grandes propuestas musicales (y sociales) en aquella anómala España que se desperezaba a duras penas de ataduras dictatoriales. Retomamos de nuevo aquellos días celebrando una gamberra y puramente hedonista aventura juvenil (salvo excepciones, de escasos visos profesionales) que articulaba una propuesta musical capaz de explicar hoy a cualquiera que, incluso inconscientemente, en aquellos días se montaron pequeñas trincheras sobre un pedal fuzz. Si las radios y la televisión española fueron sistemáticamente copadas por las canciones populares más amables y dóciles, esta nueva refriega beat forjada y urdida básicamente en las caras B de los sencillos instituyó una cultura paralela generadora de una valiosísima escena oculta fuera de los focos y de la omnipresente censura. Urbanitas o rurales, universitarios o iletrados con apenas las cuatro reglas básicas, poco tuvo que ver su grito musical ni con los estudiados arrebatos sociales del cantautor, ni con la pertenencia a ninguna concreta escena musical alternativa. El adolescente más inquieto entendió que la peligrosa química social de esos años exigía movimientos ágiles y economía de medios. Es decir, los oídos bien abiertos sin orejeras restrictivas de ningún tipo: beat, rhythm & blues, rock & roll, Bo Diddley beats, folk-rock, primeros aires psicodélicos… Una escena local entonces tan modesta como hoy categórica aparece ante nuestros ojos: críos audaces que, incluso en ese preciso y enfermizo contexto y sin necesidad de articular un discurso adulto y contestatario, se sintieron creativamente libres sin tener jamás que disculparse por gritar Soy así, Yo grito o Diciendo no. Cuesta poco imaginar aquella posible transmisión boca-oreja entre adolescentes de 1966, absortos y enloquecidos tras escuchar y pasmarse con algo tan colérico como el ?Te esperaba’ de Los Pops, incluso después de haber oído la canónica versión de The Animals. Probablemente, deslumbrados para los restos. Una cuarta parte del contenido de este volumen muestra la permanencia del género más allá de 1968, sensible ante la permeabilidad de las nuevas corrientes musicales que aparecen. Y por supuesto, de nuevo encontramos la omnipresente influencia del sonido Liverpool y el beat inglés en general… Todo ello agitado (y bien revuelto) con nuestras propias señas de identidad, un castizo y abigarrado cóctel felizmente reconocido hoy internacionalmente que nos señala con precisión el real kilómetro cero para la justa valoración de esta escena: aquellos inciertos días de los 60 en los que la guitarra eléctrica de un simple chaval de pueblo, al menos durante dos rebosantes minutos, decidió orgullosa no inclinarse ante nada y ante nadie. Vicente Fabuel

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El esperado segundo volumen de Algo salvaje, nuestra serie de indómitos nuggets de beat y garage español. Algo salvaje es la primera antología legal dedicada a una fértil época en la que surgieron cientos de bandas por toda España que, tras prestar atención a lo que sus colegas británicos y americanos estaban haciendo, encontraron la forma de descargar su rebelión juvenil a través de ruidosas guitarras. ¡Con fantásticos resultados! Muchos de los 28 temas se reeditan por primera vez, incluyendo verdaderas piezas de coleccionista. Ambos formatos incluyen notas interiores a cargo de Vicente Fabuel acompañadas de todas las portadas originales y fotos de los artistas.

Aquí estamos de nuevo con el segundo volumen de Algo salvaje. No se ha hecho esperar demasiado, aquí llega raudo y veloz manteniendo la llama que encendió el primer volumen. Un festival de beat crudo, directo y agresivo, más las lógicas digresiones estilísticas de acuerdo al psicodélico devenir de los tiempos. Señas de identidad de este segundo lanzamiento capaz de legitimar la escena española del garage-beat como una de las grandes propuestas musicales (y sociales) en aquella anómala España que se desperezaba a duras penas de ataduras dictatoriales. Retomamos de nuevo aquellos días celebrando una gamberra y puramente hedonista aventura juvenil (salvo excepciones, de escasos visos profesionales) que articulaba una propuesta musical capaz de explicar hoy a cualquiera que, incluso inconscientemente, en aquellos días se montaron pequeñas trincheras sobre un pedal fuzz. Si las radios y la televisión española fueron sistemáticamente copadas por las canciones populares más amables y dóciles, esta nueva refriega beat forjada y urdida básicamente en las caras B de los sencillos instituyó una cultura paralela generadora de una valiosísima escena oculta fuera de los focos y de la omnipresente censura. Urbanitas o rurales, universitarios o iletrados con apenas las cuatro reglas básicas, poco tuvo que ver su grito musical ni con los estudiados arrebatos sociales del cantautor, ni con la pertenencia a ninguna concreta escena musical alternativa. El adolescente más inquieto entendió que la peligrosa química social de esos años exigía movimientos ágiles y economía de medios. Es decir, los oídos bien abiertos sin orejeras restrictivas de ningún tipo: beat, rhythm & blues, rock & roll, Bo Diddley beats, folk-rock, primeros aires psicodélicos… Una escena local entonces tan modesta como hoy categórica aparece ante nuestros ojos: críos audaces que, incluso en ese preciso y enfermizo contexto y sin necesidad de articular un discurso adulto y contestatario, se sintieron creativamente libres sin tener jamás que disculparse por gritar Soy así, Yo grito o Diciendo no. Cuesta poco imaginar aquella posible transmisión boca-oreja entre adolescentes de 1966, absortos y enloquecidos tras escuchar y pasmarse con algo tan colérico como el ?Te esperaba’ de Los Pops, incluso después de haber oído la canónica versión de The Animals. Probablemente, deslumbrados para los restos. Una cuarta parte del contenido de este volumen muestra la permanencia del género más allá de 1968, sensible ante la permeabilidad de las nuevas corrientes musicales que aparecen. Y por supuesto, de nuevo encontramos la omnipresente influencia del sonido Liverpool y el beat inglés en general… Todo ello agitado (y bien revuelto) con nuestras propias señas de identidad, un castizo y abigarrado cóctel felizmente reconocido hoy internacionalmente que nos señala con precisión el real kilómetro cero para la justa valoración de esta escena: aquellos inciertos días de los 60 en los que la guitarra eléctrica de un simple chaval de pueblo, al menos durante dos rebosantes minutos, decidió orgullosa no inclinarse ante nada y ante nadie. Vicente Fabuel


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El esperado segundo volumen de Algo salvaje, nuestra serie de indómitos nuggets de beat y garage español. Algo salvaje es la primera antología legal dedicada a una fértil época en la que surgieron cientos de bandas por toda España que, tras prestar atención a lo que sus colegas británicos y americanos estaban haciendo, encontraron la forma de descargar su rebelión juvenil a través de ruidosas guitarras. ¡Con fantásticos resultados! Muchos de los 28 temas se reeditan por primera vez, incluyendo verdaderas piezas de coleccionista. Ambos formatos incluyen notas interiores a cargo de Vicente Fabuel acompañadas de todas las portadas originales y fotos de los artistas.

Aquí estamos de nuevo con el segundo volumen de Algo salvaje. No se ha hecho esperar demasiado, aquí llega raudo y veloz manteniendo la llama que encendió el primer volumen. Un festival de beat crudo, directo y agresivo, más las lógicas digresiones estilísticas de acuerdo al psicodélico devenir de los tiempos. Señas de identidad de este segundo lanzamiento capaz de legitimar la escena española del garage-beat como una de las grandes propuestas musicales (y sociales) en aquella anómala España que se desperezaba a duras penas de ataduras dictatoriales. Retomamos de nuevo aquellos días celebrando una gamberra y puramente hedonista aventura juvenil (salvo excepciones, de escasos visos profesionales) que articulaba una propuesta musical capaz de explicar hoy a cualquiera que, incluso inconscientemente, en aquellos días se montaron pequeñas trincheras sobre un pedal fuzz. Si las radios y la televisión española fueron sistemáticamente copadas por las canciones populares más amables y dóciles, esta nueva refriega beat forjada y urdida básicamente en las caras B de los sencillos instituyó una cultura paralela generadora de una valiosísima escena oculta fuera de los focos y de la omnipresente censura. Urbanitas o rurales, universitarios o iletrados con apenas las cuatro reglas básicas, poco tuvo que ver su grito musical ni con los estudiados arrebatos sociales del cantautor, ni con la pertenencia a ninguna concreta escena musical alternativa. El adolescente más inquieto entendió que la peligrosa química social de esos años exigía movimientos ágiles y economía de medios. Es decir, los oídos bien abiertos sin orejeras restrictivas de ningún tipo: beat, rhythm & blues, rock & roll, Bo Diddley beats, folk-rock, primeros aires psicodélicos… Una escena local entonces tan modesta como hoy categórica aparece ante nuestros ojos: críos audaces que, incluso en ese preciso y enfermizo contexto y sin necesidad de articular un discurso adulto y contestatario, se sintieron creativamente libres sin tener jamás que disculparse por gritar Soy así, Yo grito o Diciendo no. Cuesta poco imaginar aquella posible transmisión boca-oreja entre adolescentes de 1966, absortos y enloquecidos tras escuchar y pasmarse con algo tan colérico como el ?Te esperaba’ de Los Pops, incluso después de haber oído la canónica versión de The Animals. Probablemente, deslumbrados para los restos. Una cuarta parte del contenido de este volumen muestra la permanencia del género más allá de 1968, sensible ante la permeabilidad de las nuevas corrientes musicales que aparecen. Y por supuesto, de nuevo encontramos la omnipresente influencia del sonido Liverpool y el beat inglés en general… Todo ello agitado (y bien revuelto) con nuestras propias señas de identidad, un castizo y abigarrado cóctel felizmente reconocido hoy internacionalmente que nos señala con precisión el real kilómetro cero para la justa valoración de esta escena: aquellos inciertos días de los 60 en los que la guitarra eléctrica de un simple chaval de pueblo, al menos durante dos rebosantes minutos, decidió orgullosa no inclinarse ante nada y ante nadie. Vicente Fabuel

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