Catalogo - Dioptria

Pau Riba

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Simfonia num. 1
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Simfonia num. 2
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Simfonia num. 3
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Taxista
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Reedición especial 50 aniversario del primer álbum de Pau Riba en formato doble LP con carpeta gatefold, tal como se concibió, y libreto de doce páginas con las letras en catalán y castellano. Publicado en 1969 y 1970 como dos discos separados, Riba tenía solo 20-21 años cuando creó este espectacular trabajo de folk-rock psicodélico, acompañado del grupo Om y miembros de Música Dispersa. El inicio de la singular trayectoria de esta figura clave de la música y contracultura en Cataluña. Reproducción del arte original. Vinilo de 180 gramos.

Dioptria por Pau Riba 1. saco de canciones

en mayo del 68 —mes y año de la publicación de mi primer libro titulado Cançons i poemes— yo aún no había cumplido los veinte pero ya llevaba en la espalda un saco de canciones de cosecha propia... y un primer EP en el mercado. no sé si hablar de precocidad, pero cierto es que mi principal vomitada ocurrió en plena adolescencia, y que, a aquellas alturas, las canciones me salían ya por las orejas. es por ello que, cuando después de un segundo EP mi editor me planteó llevar a cabo un primer LP, le dije que tenía que ser un doble. dado que teníamos buenas relaciones, pues yo trabajaba para él como grafista haciendo portadas y otras hierbas relacionadas con otros negocios, accedió, y yo empecé a trabajar la maqueta del primer disco 2. los músicos el segundo paso fue decidir con qué músicos trabajaría, ya que ninguna las formaciones elegidas para los primeros singles eran excesivamente heterogéneas. ¿a quién elegir? casualmente escuché un EP de Maria del Mar Bonet acompañada por OM y la cabeza me dio media voltereta: descubrí que la cançó podía ser tratada de forma moderna y nada convencional. sólo me faltaba una cosa: el rock. o, como le he llamado siempre, roc; sin 'k': aquella dureza rítmica susceptible de ser aplicada a cualquiera fuere el estilo musical. los fui a ver y así se lo planteé (para mí el roc era el eje de la revolución de los jóvenes, un lenguaje propio y exclusivo de la juventud). así debía ser, pues, para estar al día y para traspasar fronteras. no hubo objeción 3. la grabación la elección fue acertada: Toti —que acababa de llegar de Londres con el primer distorsionador que yo pude ver y tocar—, Jordi y Romà se entregaron a fondo y pusieron interés, entusiasmo y genialidad, mientras que Doro y Jose supieron acoplarse a las pautas que les daban los otros tres. y en cuanto a la grabación, aquello fue una fiesta: amigos respetuosamente sentados así en la sala como en la cabina donde Rafael Poch, el técnico, hacía maravillas... teniendo en cuenta que sólo disponía de cuatro pistas, con un jovencísimo Xavier Batllés haciendo de pipa, maestro Casas Augé ejerciendo de director artístico y —a modo de guinda— el Sr Ortiz, que era el dueño: un torero retirado y vociferante que venía a animar y a hablarnos de los vinos de su actual negocio 4. la portada esto en cuanto a la música. por lo que al título se refiere, mi prepotencia adolescente hizo que escogiera un término de oftalmología que afecta a todos los miopes —como yo— para proclamar: estáis todos ciegos, no os enteráis de nada. y en cuanto a la portada, no puedo llegar a recordar (¡y a fe que lo he intentado!) cómo llegó a mis manos aquella imagen de un niño desnudo, abandonado en plena naturaleza, plasmado por el pintor romántico alemán Philipp Otto Runge, que me sirvió para mostrar la pureza y la inocencia inermes ante los monstruos de un mundo amenazante. con el tiempo he descubierto que se trata de una obra titulada Der Morgen (La Aurora) que, al morir, el autor pidió a su hermano que la destruyera. desobedeciéndolo, éste hizo nueve partes y las vendió por separado 5. los monstruos esto explica que corriera por ahí este fragmento, esta novena parte de la tela en la que tan sólo aparece el niño —que no Jesús— desnudo a los pies de la divina Aurora, que yo usé para la cubierta, donde están las letras con los colores de la bandera republicana, tanto como para la contracubierta, donde el niño es ahogado por un collage que realicé a base de revistas médicas: una placenta llena de engendros y aberraciones humanas, rodeada de monstruos (unos monstruos esbozados por Ricard Pié que, al parecerme demasiado ingenuos, a la que pude los encargué a Nazario, que los convirtió en feroces penes viperinos). quería una ilustración asquerosa de todo lo que las mentes bien pensantes quieren no ver. dedicada a ellos, los miopes-dióptricos 6. los colores otro detalle —fallido— del diseño de la bolsa del doble álbum consiste en que las páginas interiores donde van las letras de las canciones (en catalán y traducidas al castellano) son tres hojas dobles de aquel papel de embalar, de un cierto gramaje, típico de la época, de tres longitudes y tres colores: el rojo, el amarillo y el morado; o sea, otra vez la bandera republicana... sí: aunque nos encontrábamos en pleno franquismo, el estado de las autonomías ni se había imaginado y la república era algo remoto, de antes de la guerra. sin embargo, cuando la bolsa salió de la imprenta, el orden de los papeles había sido alterado y no formaban ya la bandera. nunca he sabido si fue un lapsus de los trabajadores de la imprenta o si fue un error malintencionado de vaya a saberse quién 7. la utopía hippie el disco fue un éxito, como yo esperaba: con tanta carta blanca y tanta libertad absoluta, salió redondo... pero caro. así que el editor decidió que, aunque la bolsa fuera doble, de momento sólo saldría uno; el segundo dependería de cómo fueran las cosas (alegaba que el hecho de que saliera la bolsa doble con un solo disco era bueno porque emplazaba la gente a comprar el otro así que saliera). pero las cosas no fueron así: por un lado, porque entre el uno y el otro, en el verano del 69, aterricé en Formentera, tuve la primera experiencia con el LSD y adopté los preceptos de la utopía hippie; por la otra, porque me enamoré de Música Dispersa, que hacían una música minimalista y originalísima, y, pasando de OM, quise hacer el segundo disco con ellos 8. música dispersa José Manuel Brabo, el Cachas, era un fuera de serie; Jaume Sisa, un genio; Albert Batiste, un todo terreno; y Lourdes Parés, Selene, una mujer con una gran intuición para la música. cuando se lo propuse, el Cachas se negó de entrada (para no poner dos gallos en un mismo gallinero... supongo) y Selene se puso a su lado. quedaron, por tanto, Sisa y Albert Batiste; pero la puñetera realidad es que, a la hora de la verdad, el disco nos lo hicimos Albert y yo, mano a mano. Sisa apenas si puso unas palmas en algún momento y no sé si alguna voz disimulada en algún coro. con todo, conseguí lo que yo quería, que era una orquestación más ligera y un sonido más acústico y más hippie sin que ello supusiera una disminución de la calidad y el interés 9. la divina Aurora queda por consignar el hecho insólito de que el editor, en un ridículo ataque de patriotismo pasado de vueltas, haciendo suya la voz de todos los catalanes (entonces ni se olía la democracia) y en el tono de un padre benévolo que debe subsanar los errores de su hijo locatis, añadió un texto a continuación del mío —sí, sí, dentro del propio disco, ¡dentro de mi obra!— refutando mis afirmaciones. pasándose por el forro —o quizás ni enterándose—, que se trata de un texto metafórico, un retazo de prosa poética... y hasta profética; premonitoria. ya que, efectivamente, la divina Aurora estaba ya en el disco sin estar, y estaba allí para anunciarnos el amanecer de una nueva era, tanto para mí como en el sentido astrológico universal que nos afecta a todos, o en el sentido tecnológico digital en que la virtualidad ha acabado por doblarnos el espacio... y la realidad

Pau Riba es una de las figuras esenciales de la música y contracultura catalanas, con una carrera totalmente personal que comenzó a finales de los años 60 y continúa en la actualidad.

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Reedición especial 50 aniversario del primer álbum de Pau Riba en formato doble LP con carpeta gatefold, tal como se concibió, y libreto de doce páginas con las letras en catalán y castellano. Publicado en 1969 y 1970 como dos discos separados, Riba tenía solo 20-21 años cuando creó este espectacular trabajo de folk-rock psicodélico, acompañado del grupo Om y miembros de Música Dispersa. El inicio de la singular trayectoria de esta figura clave de la música y contracultura en Cataluña. Reproducción del arte original. Vinilo de 180 gramos.

Dioptria por Pau Riba 1. saco de canciones

en mayo del 68 —mes y año de la publicación de mi primer libro titulado Cançons i poemes— yo aún no había cumplido los veinte pero ya llevaba en la espalda un saco de canciones de cosecha propia... y un primer EP en el mercado. no sé si hablar de precocidad, pero cierto es que mi principal vomitada ocurrió en plena adolescencia, y que, a aquellas alturas, las canciones me salían ya por las orejas. es por ello que, cuando después de un segundo EP mi editor me planteó llevar a cabo un primer LP, le dije que tenía que ser un doble. dado que teníamos buenas relaciones, pues yo trabajaba para él como grafista haciendo portadas y otras hierbas relacionadas con otros negocios, accedió, y yo empecé a trabajar la maqueta del primer disco 2. los músicos el segundo paso fue decidir con qué músicos trabajaría, ya que ninguna las formaciones elegidas para los primeros singles eran excesivamente heterogéneas. ¿a quién elegir? casualmente escuché un EP de Maria del Mar Bonet acompañada por OM y la cabeza me dio media voltereta: descubrí que la cançó podía ser tratada de forma moderna y nada convencional. sólo me faltaba una cosa: el rock. o, como le he llamado siempre, roc; sin 'k': aquella dureza rítmica susceptible de ser aplicada a cualquiera fuere el estilo musical. los fui a ver y así se lo planteé (para mí el roc era el eje de la revolución de los jóvenes, un lenguaje propio y exclusivo de la juventud). así debía ser, pues, para estar al día y para traspasar fronteras. no hubo objeción 3. la grabación la elección fue acertada: Toti —que acababa de llegar de Londres con el primer distorsionador que yo pude ver y tocar—, Jordi y Romà se entregaron a fondo y pusieron interés, entusiasmo y genialidad, mientras que Doro y Jose supieron acoplarse a las pautas que les daban los otros tres. y en cuanto a la grabación, aquello fue una fiesta: amigos respetuosamente sentados así en la sala como en la cabina donde Rafael Poch, el técnico, hacía maravillas... teniendo en cuenta que sólo disponía de cuatro pistas, con un jovencísimo Xavier Batllés haciendo de pipa, maestro Casas Augé ejerciendo de director artístico y —a modo de guinda— el Sr Ortiz, que era el dueño: un torero retirado y vociferante que venía a animar y a hablarnos de los vinos de su actual negocio 4. la portada esto en cuanto a la música. por lo que al título se refiere, mi prepotencia adolescente hizo que escogiera un término de oftalmología que afecta a todos los miopes —como yo— para proclamar: estáis todos ciegos, no os enteráis de nada. y en cuanto a la portada, no puedo llegar a recordar (¡y a fe que lo he intentado!) cómo llegó a mis manos aquella imagen de un niño desnudo, abandonado en plena naturaleza, plasmado por el pintor romántico alemán Philipp Otto Runge, que me sirvió para mostrar la pureza y la inocencia inermes ante los monstruos de un mundo amenazante. con el tiempo he descubierto que se trata de una obra titulada Der Morgen (La Aurora) que, al morir, el autor pidió a su hermano que la destruyera. desobedeciéndolo, éste hizo nueve partes y las vendió por separado 5. los monstruos esto explica que corriera por ahí este fragmento, esta novena parte de la tela en la que tan sólo aparece el niño —que no Jesús— desnudo a los pies de la divina Aurora, que yo usé para la cubierta, donde están las letras con los colores de la bandera republicana, tanto como para la contracubierta, donde el niño es ahogado por un collage que realicé a base de revistas médicas: una placenta llena de engendros y aberraciones humanas, rodeada de monstruos (unos monstruos esbozados por Ricard Pié que, al parecerme demasiado ingenuos, a la que pude los encargué a Nazario, que los convirtió en feroces penes viperinos). quería una ilustración asquerosa de todo lo que las mentes bien pensantes quieren no ver. dedicada a ellos, los miopes-dióptricos 6. los colores otro detalle —fallido— del diseño de la bolsa del doble álbum consiste en que las páginas interiores donde van las letras de las canciones (en catalán y traducidas al castellano) son tres hojas dobles de aquel papel de embalar, de un cierto gramaje, típico de la época, de tres longitudes y tres colores: el rojo, el amarillo y el morado; o sea, otra vez la bandera republicana... sí: aunque nos encontrábamos en pleno franquismo, el estado de las autonomías ni se había imaginado y la república era algo remoto, de antes de la guerra. sin embargo, cuando la bolsa salió de la imprenta, el orden de los papeles había sido alterado y no formaban ya la bandera. nunca he sabido si fue un lapsus de los trabajadores de la imprenta o si fue un error malintencionado de vaya a saberse quién 7. la utopía hippie el disco fue un éxito, como yo esperaba: con tanta carta blanca y tanta libertad absoluta, salió redondo... pero caro. así que el editor decidió que, aunque la bolsa fuera doble, de momento sólo saldría uno; el segundo dependería de cómo fueran las cosas (alegaba que el hecho de que saliera la bolsa doble con un solo disco era bueno porque emplazaba la gente a comprar el otro así que saliera). pero las cosas no fueron así: por un lado, porque entre el uno y el otro, en el verano del 69, aterricé en Formentera, tuve la primera experiencia con el LSD y adopté los preceptos de la utopía hippie; por la otra, porque me enamoré de Música Dispersa, que hacían una música minimalista y originalísima, y, pasando de OM, quise hacer el segundo disco con ellos 8. música dispersa José Manuel Brabo, el Cachas, era un fuera de serie; Jaume Sisa, un genio; Albert Batiste, un todo terreno; y Lourdes Parés, Selene, una mujer con una gran intuición para la música. cuando se lo propuse, el Cachas se negó de entrada (para no poner dos gallos en un mismo gallinero... supongo) y Selene se puso a su lado. quedaron, por tanto, Sisa y Albert Batiste; pero la puñetera realidad es que, a la hora de la verdad, el disco nos lo hicimos Albert y yo, mano a mano. Sisa apenas si puso unas palmas en algún momento y no sé si alguna voz disimulada en algún coro. con todo, conseguí lo que yo quería, que era una orquestación más ligera y un sonido más acústico y más hippie sin que ello supusiera una disminución de la calidad y el interés 9. la divina Aurora queda por consignar el hecho insólito de que el editor, en un ridículo ataque de patriotismo pasado de vueltas, haciendo suya la voz de todos los catalanes (entonces ni se olía la democracia) y en el tono de un padre benévolo que debe subsanar los errores de su hijo locatis, añadió un texto a continuación del mío —sí, sí, dentro del propio disco, ¡dentro de mi obra!— refutando mis afirmaciones. pasándose por el forro —o quizás ni enterándose—, que se trata de un texto metafórico, un retazo de prosa poética... y hasta profética; premonitoria. ya que, efectivamente, la divina Aurora estaba ya en el disco sin estar, y estaba allí para anunciarnos el amanecer de una nueva era, tanto para mí como en el sentido astrológico universal que nos afecta a todos, o en el sentido tecnológico digital en que la virtualidad ha acabado por doblarnos el espacio... y la realidad

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en mayo del 68 —mes y año de la publicación de mi primer libro titulado Cançons i poemes— yo aún no había cumplido los veinte pero ya llevaba en la espalda un saco de canciones de cosecha propia... y un primer EP en el mercado. no sé si hablar de precocidad, pero cierto es que mi principal vomitada ocurrió en plena adolescencia, y que, a aquellas alturas, las canciones me salían ya por las orejas. es por ello que, cuando después de un segundo EP mi editor me planteó llevar a cabo un primer LP, le dije que tenía que ser un doble. dado que teníamos buenas relaciones, pues yo trabajaba para él como grafista haciendo portadas y otras hierbas relacionadas con otros negocios, accedió, y yo empecé a trabajar la maqueta del primer disco 2. los músicos el segundo paso fue decidir con qué músicos trabajaría, ya que ninguna las formaciones elegidas para los primeros singles eran excesivamente heterogéneas. ¿a quién elegir? casualmente escuché un EP de Maria del Mar Bonet acompañada por OM y la cabeza me dio media voltereta: descubrí que la cançó podía ser tratada de forma moderna y nada convencional. sólo me faltaba una cosa: el rock. o, como le he llamado siempre, roc; 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o sea, otra vez la bandera republicana... sí: aunque nos encontrábamos en pleno franquismo, el estado de las autonomías ni se había imaginado y la república era algo remoto, de antes de la guerra. sin embargo, cuando la bolsa salió de la imprenta, el orden de los papeles había sido alterado y no formaban ya la bandera. nunca he sabido si fue un lapsus de los trabajadores de la imprenta o si fue un error malintencionado de vaya a saberse quién 7. la utopía hippie el disco fue un éxito, como yo esperaba: con tanta carta blanca y tanta libertad absoluta, salió redondo... pero caro. así que el editor decidió que, aunque la bolsa fuera doble, de momento sólo saldría uno; el segundo dependería de cómo fueran las cosas (alegaba que el hecho de que saliera la bolsa doble con un solo disco era bueno porque emplazaba la gente a comprar el otro así que saliera). pero las cosas no fueron así: por un lado, porque entre el uno y el otro, en el verano del 69, aterricé en Formentera, tuve la primera experiencia con el LSD y adopté los preceptos de la utopía hippie; por la otra, porque me enamoré de Música Dispersa, que hacían una música minimalista y originalísima, y, pasando de OM, quise hacer el segundo disco con ellos 8. música dispersa José Manuel Brabo, el Cachas, era un fuera de serie; Jaume Sisa, un genio; Albert Batiste, un todo terreno; y Lourdes Parés, Selene, una mujer con una gran intuición para la música. cuando se lo propuse, el Cachas se negó de entrada (para no poner dos gallos en un mismo gallinero... supongo) y Selene se puso a su lado. quedaron, por tanto, Sisa y Albert Batiste; pero la puñetera realidad es que, a la hora de la verdad, el disco nos lo hicimos Albert y yo, mano a mano. Sisa apenas si puso unas palmas en algún momento y no sé si alguna voz disimulada en algún coro. con todo, conseguí lo que yo quería, que era una orquestación más ligera y un sonido más acústico y más hippie sin que ello supusiera una disminución de la calidad y el interés 9. la divina Aurora queda por consignar el hecho insólito de que el editor, en un ridículo ataque de patriotismo pasado de vueltas, haciendo suya la voz de todos los catalanes (entonces ni se olía la democracia) y en el tono de un padre benévolo que debe subsanar los errores de su hijo locatis, añadió un texto a continuación del mío —sí, sí, dentro del propio disco, ¡dentro de mi obra!— refutando mis afirmaciones. pasándose por el forro —o quizás ni enterándose—, que se trata de un texto metafórico, un retazo de prosa poética... y hasta profética; premonitoria. ya que, efectivamente, la divina Aurora estaba ya en el disco sin estar, y estaba allí para anunciarnos el amanecer de una nueva era, tanto para mí como en el sentido astrológico universal que nos afecta a todos, o en el sentido tecnológico digital en que la virtualidad ha acabado por doblarnos el espacio... y la realidad


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en mayo del 68 —mes y año de la publicación de mi primer libro titulado Cançons i poemes— yo aún no había cumplido los veinte pero ya llevaba en la espalda un saco de canciones de cosecha propia... y un primer EP en el mercado. no sé si hablar de precocidad, pero cierto es que mi principal vomitada ocurrió en plena adolescencia, y que, a aquellas alturas, las canciones me salían ya por las orejas. es por ello que, cuando después de un segundo EP mi editor me planteó llevar a cabo un primer LP, le dije que tenía que ser un doble. dado que teníamos buenas relaciones, pues yo trabajaba para él como grafista haciendo portadas y otras hierbas relacionadas con otros negocios, accedió, y yo empecé a trabajar la maqueta del primer disco 2. los músicos el segundo paso fue decidir con qué músicos trabajaría, ya que ninguna las formaciones elegidas para los primeros singles eran excesivamente heterogéneas. ¿a quién elegir? casualmente escuché un EP de Maria del Mar Bonet acompañada por OM y la cabeza me dio media voltereta: descubrí que la cançó podía ser tratada de forma moderna y nada convencional. sólo me faltaba una cosa: el rock. o, como le he llamado siempre, roc; 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o sea, otra vez la bandera republicana... sí: aunque nos encontrábamos en pleno franquismo, el estado de las autonomías ni se había imaginado y la república era algo remoto, de antes de la guerra. sin embargo, cuando la bolsa salió de la imprenta, el orden de los papeles había sido alterado y no formaban ya la bandera. nunca he sabido si fue un lapsus de los trabajadores de la imprenta o si fue un error malintencionado de vaya a saberse quién 7. la utopía hippie el disco fue un éxito, como yo esperaba: con tanta carta blanca y tanta libertad absoluta, salió redondo... pero caro. así que el editor decidió que, aunque la bolsa fuera doble, de momento sólo saldría uno; el segundo dependería de cómo fueran las cosas (alegaba que el hecho de que saliera la bolsa doble con un solo disco era bueno porque emplazaba la gente a comprar el otro así que saliera). pero las cosas no fueron así: por un lado, porque entre el uno y el otro, en el verano del 69, aterricé en Formentera, tuve la primera experiencia con el LSD y adopté los preceptos de la utopía hippie; por la otra, porque me enamoré de Música Dispersa, que hacían una música minimalista y originalísima, y, pasando de OM, quise hacer el segundo disco con ellos 8. música dispersa José Manuel Brabo, el Cachas, era un fuera de serie; Jaume Sisa, un genio; Albert Batiste, un todo terreno; y Lourdes Parés, Selene, una mujer con una gran intuición para la música. cuando se lo propuse, el Cachas se negó de entrada (para no poner dos gallos en un mismo gallinero... supongo) y Selene se puso a su lado. quedaron, por tanto, Sisa y Albert Batiste; pero la puñetera realidad es que, a la hora de la verdad, el disco nos lo hicimos Albert y yo, mano a mano. Sisa apenas si puso unas palmas en algún momento y no sé si alguna voz disimulada en algún coro. con todo, conseguí lo que yo quería, que era una orquestación más ligera y un sonido más acústico y más hippie sin que ello supusiera una disminución de la calidad y el interés 9. la divina Aurora queda por consignar el hecho insólito de que el editor, en un ridículo ataque de patriotismo pasado de vueltas, haciendo suya la voz de todos los catalanes (entonces ni se olía la democracia) y en el tono de un padre benévolo que debe subsanar los errores de su hijo locatis, añadió un texto a continuación del mío —sí, sí, dentro del propio disco, ¡dentro de mi obra!— refutando mis afirmaciones. pasándose por el forro —o quizás ni enterándose—, que se trata de un texto metafórico, un retazo de prosa poética... y hasta profética; premonitoria. ya que, efectivamente, la divina Aurora estaba ya en el disco sin estar, y estaba allí para anunciarnos el amanecer de una nueva era, tanto para mí como en el sentido astrológico universal que nos afecta a todos, o en el sentido tecnológico digital en que la virtualidad ha acabado por doblarnos el espacio... y la realidad

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