Catalogo - El alma de la estrella

Diseño Corbusier

El alma de la estrella


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Diseño Corbusier

El alma de la estrella


SKU: MR-SSS 28  | 

Formado en Granada por Ani Zinc, que grabó en solitario bajo el nombre Neo Zelanda, y Javier G Marín, el dúo Diseño Corbusier fue un proyecto de vanguardia electrónica fascinante e irrepetible en España. Su segundo LP, El alma de la estrella (1986), es una maravilla de artesanía sonora que reúne elementos de la música industrial, techno minimal, manipulación vocal y una actitud a veces dadaísta y siempre totalmente personal.

A comienzos de 2012, el sello Strut publicaba un recopilatorio que recoge el sonido que llegó del punk cuando los sintetizadores reemplazaron a las guitarras. Entre nombres míticos como DAF, Cabaret Voltaire, Nitzer Ebb, SPK o los experimentos musicales del director John Carpenter, se colaba un grupo del que pocos habían oído hablar: Diseño Corbusier aportaban a Metal Dance. Classics & Rarities 80-88 un tema titulado ‘Golpe de amistad’. Con poco de clásico y más que una rareza, aquel tema puso fin al corto trayecto de uno de los grupos más originales de la escena electrónica nacional. A mediados de los ochenta Granada era un pequeño reducto de resistencia vanguardista. Mientras Madrid sacaba pecho como ciudad protagonista de la nueva ola –la cacareada Movida madrileña–, ajena a cualquier interés mediático la ciudad andaluza formaba parte de un network de alcance europeo en el que la libre circulación de ideas y conocimientos bien se podría asemejar al movimiento actual del copyleft. Una escena internacional donde los músicos hacían de editores y los artistas eran igualmente fans. Intercambiaban música siguiendo esa filosofía del do-it-yourself en la que la casete servía de maravilla como principal vehículo de difusión musical. Ani Zinc se convertiría en experta amateur de estos menesteres. En su casa de Andújar nunca hubo discos, pero la radio le hizo compañía. Era su único contacto con la música. Recibió un primer shock escuchando ‘Remember Love’, la cancioncilla repetitiva de Yoko Ono. Más tarde supo de Llorenç Barber. Solo cuando llegó a Granada para estudiar psicología descubrió que no era la única que compartía el gusto por una música que no se parecía a nada. La proximidad de Granada a África permitía sintonizar tanto emisoras árabes como cadenas de flamenco y música pop. Con un radiocasete grababa aquellos sonidos. Con sus manos realizaba una tarea de corta y pega con las cintas magnéticas. Sin poder quitarse de la cabeza aquella canción de Yoko Ono, empezó a descubrir las posibilidades de su voz. Diseño Corbusier nació de esta obsesión. También de las exploraciones electrónicas de Javier G Marín, entonces estudiante de derecho de primer año. Se habían conocido en 1981 tras un anuncio en la revista musical Vibraciones. Si te gustan grupos como Cabaret Voltaire o Flying Lizards, llámame, anunciaba Marín. Si su primer disco (Pérfido encanto, 1985) fue un vibrante experimento donde los ritmos aún no estaban musculados, con El alma de la estrella el dúo dio un paso al frente. Renovaron equipo electrónico y firmaron un acuerdo de distribución de su propio sello, Auxilio de Cientos, con una de las compañías independientes españolas más solventes de aquellos ochenta. Nuevos Medios se encargaba entonces en España de dar a conocer a sellos como Factory. A Marín se lo habían aconsejado: si el ritmo no se puede bailar los discos no se venderán más. Era 1986 y no paraba de escuchar a DAF. ‘Golpe de amistad’ surgió así como la canción más internacional de un repertorio brillante, expresionista y encantadoramente doméstico. Más suelta que nunca, Ani Zinc manipulaba la realidad como si fuera plastilina. El alma de la estrella reunía todas sus obsesiones. En ‘Chiquillo’ imitó las airadas voces con las que señoras invadían las calles del barrio donde creció. ‘Ritmo 21’ no pudo ocultar su admiración por el registro vocal de Yoko Ono y los discos de las cantantes francesas que su hermana le traía de París. ‘El club del ruido’ surgió como un documento fragmentado de una entrevista que les hicieron en el programa de radio de igual nombre. Todo lo aprovechaban. Marín se encargó de diseñar unas estructuras rítmicas con las que organizarlos. Esta vez sustituyendo un arcaico sintetizador Korg por las potentes bases de un Roland SH101, y la diminuta caja de ritmos Boss DR-55 por otra de construcción alemana que utilizaba sonidos reales de percusión: la MFB-512. Más que música electrónica o tan siquiera industrial, el segundo disco de Diseño Corbusier fue una vibrante obra de artesanía doméstica. Pocos se enteraron. Porque a la supuesta falta de interés de Nuevos Medios por difundir una música más reconocida fuera de España que en su país, no ayudaron las recientes licenciaturas de la pareja. Vender menos de mil copias de ninguna manera estimulaba el propósito de vivir de su imaginación. Sin hacer ruido, juntos cerraron el lomo de un cuento dadaísta en el que las historias se moldeaban cual plastilina y la música se entendía como un trabajo manual. Publicado por Vinilísssimo

Es 1982. Con el retraso que obligan décadas de aislamiento internacional, Madrid y Granada recreaban, a su manera y sin saberlo, los roles que Londres y Sheffield habían asumido durante el año del punk. La capital acapara titulares, obliga a girar todos los focos hacia ella y deja en sombra todo aquel rincón más allá de sus lindes. A 400 kilómetros hacia el sur, Granada desarrollaba una escena experimental que no disponía de un altavoz para anunciar que allí sucedían cosas. Como la extraña alianza que formaron una futura psicóloga sin contacto con la música y dos estudiantes de derecho obsesionados por el poder de las máquinas pero con diferentes filosofías. Rafael Flores creía en el ruidismo absoluto de grupos como Throbing Gristle como fuente de energía inagotable. Javier G Marín tenía un concepto más sexy de los sintetizadores. La selección fue natural: Marín y Ani Zinc (le gustaba la fonética del término anything) se despidieron amistosamente de Flores, quien tuvo una notable trayectoria con su alias Comando Bruno.

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Formado en Granada por Ani Zinc, que grabó en solitario bajo el nombre Neo Zelanda, y Javier G Marín, el dúo Diseño Corbusier fue un proyecto de vanguardia electrónica fascinante e irrepetible en España. Su segundo LP, El alma de la estrella (1986), es una maravilla de artesanía sonora que reúne elementos de la música industrial, techno minimal, manipulación vocal y una actitud a veces dadaísta y siempre totalmente personal.

A comienzos de 2012, el sello Strut publicaba un recopilatorio que recoge el sonido que llegó del punk cuando los sintetizadores reemplazaron a las guitarras. Entre nombres míticos como DAF, Cabaret Voltaire, Nitzer Ebb, SPK o los experimentos musicales del director John Carpenter, se colaba un grupo del que pocos habían oído hablar: Diseño Corbusier aportaban a Metal Dance. Classics & Rarities 80-88 un tema titulado ‘Golpe de amistad’. Con poco de clásico y más que una rareza, aquel tema puso fin al corto trayecto de uno de los grupos más originales de la escena electrónica nacional. A mediados de los ochenta Granada era un pequeño reducto de resistencia vanguardista. Mientras Madrid sacaba pecho como ciudad protagonista de la nueva ola –la cacareada Movida madrileña–, ajena a cualquier interés mediático la ciudad andaluza formaba parte de un network de alcance europeo en el que la libre circulación de ideas y conocimientos bien se podría asemejar al movimiento actual del copyleft. Una escena internacional donde los músicos hacían de editores y los artistas eran igualmente fans. Intercambiaban música siguiendo esa filosofía del do-it-yourself en la que la casete servía de maravilla como principal vehículo de difusión musical. Ani Zinc se convertiría en experta amateur de estos menesteres. En su casa de Andújar nunca hubo discos, pero la radio le hizo compañía. Era su único contacto con la música. Recibió un primer shock escuchando ‘Remember Love’, la cancioncilla repetitiva de Yoko Ono. Más tarde supo de Llorenç Barber. Solo cuando llegó a Granada para estudiar psicología descubrió que no era la única que compartía el gusto por una música que no se parecía a nada. La proximidad de Granada a África permitía sintonizar tanto emisoras árabes como cadenas de flamenco y música pop. Con un radiocasete grababa aquellos sonidos. Con sus manos realizaba una tarea de corta y pega con las cintas magnéticas. Sin poder quitarse de la cabeza aquella canción de Yoko Ono, empezó a descubrir las posibilidades de su voz. Diseño Corbusier nació de esta obsesión. También de las exploraciones electrónicas de Javier G Marín, entonces estudiante de derecho de primer año. Se habían conocido en 1981 tras un anuncio en la revista musical Vibraciones. Si te gustan grupos como Cabaret Voltaire o Flying Lizards, llámame, anunciaba Marín. Si su primer disco (Pérfido encanto, 1985) fue un vibrante experimento donde los ritmos aún no estaban musculados, con El alma de la estrella el dúo dio un paso al frente. Renovaron equipo electrónico y firmaron un acuerdo de distribución de su propio sello, Auxilio de Cientos, con una de las compañías independientes españolas más solventes de aquellos ochenta. Nuevos Medios se encargaba entonces en España de dar a conocer a sellos como Factory. A Marín se lo habían aconsejado: si el ritmo no se puede bailar los discos no se venderán más. Era 1986 y no paraba de escuchar a DAF. ‘Golpe de amistad’ surgió así como la canción más internacional de un repertorio brillante, expresionista y encantadoramente doméstico. Más suelta que nunca, Ani Zinc manipulaba la realidad como si fuera plastilina. El alma de la estrella reunía todas sus obsesiones. En ‘Chiquillo’ imitó las airadas voces con las que señoras invadían las calles del barrio donde creció. ‘Ritmo 21’ no pudo ocultar su admiración por el registro vocal de Yoko Ono y los discos de las cantantes francesas que su hermana le traía de París. ‘El club del ruido’ surgió como un documento fragmentado de una entrevista que les hicieron en el programa de radio de igual nombre. Todo lo aprovechaban. Marín se encargó de diseñar unas estructuras rítmicas con las que organizarlos. Esta vez sustituyendo un arcaico sintetizador Korg por las potentes bases de un Roland SH101, y la diminuta caja de ritmos Boss DR-55 por otra de construcción alemana que utilizaba sonidos reales de percusión: la MFB-512. Más que música electrónica o tan siquiera industrial, el segundo disco de Diseño Corbusier fue una vibrante obra de artesanía doméstica. Pocos se enteraron. Porque a la supuesta falta de interés de Nuevos Medios por difundir una música más reconocida fuera de España que en su país, no ayudaron las recientes licenciaturas de la pareja. Vender menos de mil copias de ninguna manera estimulaba el propósito de vivir de su imaginación. Sin hacer ruido, juntos cerraron el lomo de un cuento dadaísta en el que las historias se moldeaban cual plastilina y la música se entendía como un trabajo manual. Publicado por Vinilísssimo

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Formado en Granada por Ani Zinc, que grabó en solitario bajo el nombre Neo Zelanda, y Javier G Marín, el dúo Diseño Corbusier fue un proyecto de vanguardia electrónica fascinante e irrepetible en España. Su segundo LP, El alma de la estrella (1986), es una maravilla de artesanía sonora que reúne elementos de la música industrial, techno minimal, manipulación vocal y una actitud a veces dadaísta y siempre totalmente personal.

A comienzos de 2012, el sello Strut publicaba un recopilatorio que recoge el sonido que llegó del punk cuando los sintetizadores reemplazaron a las guitarras. Entre nombres míticos como DAF, Cabaret Voltaire, Nitzer Ebb, SPK o los experimentos musicales del director John Carpenter, se colaba un grupo del que pocos habían oído hablar: Diseño Corbusier aportaban a Metal Dance. Classics & Rarities 80-88 un tema titulado ‘Golpe de amistad’. Con poco de clásico y más que una rareza, aquel tema puso fin al corto trayecto de uno de los grupos más originales de la escena electrónica nacional. A mediados de los ochenta Granada era un pequeño reducto de resistencia vanguardista. Mientras Madrid sacaba pecho como ciudad protagonista de la nueva ola –la cacareada Movida madrileña–, ajena a cualquier interés mediático la ciudad andaluza formaba parte de un network de alcance europeo en el que la libre circulación de ideas y conocimientos bien se podría asemejar al movimiento actual del copyleft. Una escena internacional donde los músicos hacían de editores y los artistas eran igualmente fans. Intercambiaban música siguiendo esa filosofía del do-it-yourself en la que la casete servía de maravilla como principal vehículo de difusión musical. Ani Zinc se convertiría en experta amateur de estos menesteres. En su casa de Andújar nunca hubo discos, pero la radio le hizo compañía. Era su único contacto con la música. Recibió un primer shock escuchando ‘Remember Love’, la cancioncilla repetitiva de Yoko Ono. Más tarde supo de Llorenç Barber. Solo cuando llegó a Granada para estudiar psicología descubrió que no era la única que compartía el gusto por una música que no se parecía a nada. La proximidad de Granada a África permitía sintonizar tanto emisoras árabes como cadenas de flamenco y música pop. Con un radiocasete grababa aquellos sonidos. Con sus manos realizaba una tarea de corta y pega con las cintas magnéticas. Sin poder quitarse de la cabeza aquella canción de Yoko Ono, empezó a descubrir las posibilidades de su voz. Diseño Corbusier nació de esta obsesión. También de las exploraciones electrónicas de Javier G Marín, entonces estudiante de derecho de primer año. Se habían conocido en 1981 tras un anuncio en la revista musical Vibraciones. Si te gustan grupos como Cabaret Voltaire o Flying Lizards, llámame, anunciaba Marín. Si su primer disco (Pérfido encanto, 1985) fue un vibrante experimento donde los ritmos aún no estaban musculados, con El alma de la estrella el dúo dio un paso al frente. Renovaron equipo electrónico y firmaron un acuerdo de distribución de su propio sello, Auxilio de Cientos, con una de las compañías independientes españolas más solventes de aquellos ochenta. Nuevos Medios se encargaba entonces en España de dar a conocer a sellos como Factory. A Marín se lo habían aconsejado: si el ritmo no se puede bailar los discos no se venderán más. Era 1986 y no paraba de escuchar a DAF. ‘Golpe de amistad’ surgió así como la canción más internacional de un repertorio brillante, expresionista y encantadoramente doméstico. Más suelta que nunca, Ani Zinc manipulaba la realidad como si fuera plastilina. El alma de la estrella reunía todas sus obsesiones. En ‘Chiquillo’ imitó las airadas voces con las que señoras invadían las calles del barrio donde creció. ‘Ritmo 21’ no pudo ocultar su admiración por el registro vocal de Yoko Ono y los discos de las cantantes francesas que su hermana le traía de París. ‘El club del ruido’ surgió como un documento fragmentado de una entrevista que les hicieron en el programa de radio de igual nombre. Todo lo aprovechaban. Marín se encargó de diseñar unas estructuras rítmicas con las que organizarlos. Esta vez sustituyendo un arcaico sintetizador Korg por las potentes bases de un Roland SH101, y la diminuta caja de ritmos Boss DR-55 por otra de construcción alemana que utilizaba sonidos reales de percusión: la MFB-512. Más que música electrónica o tan siquiera industrial, el segundo disco de Diseño Corbusier fue una vibrante obra de artesanía doméstica. Pocos se enteraron. Porque a la supuesta falta de interés de Nuevos Medios por difundir una música más reconocida fuera de España que en su país, no ayudaron las recientes licenciaturas de la pareja. Vender menos de mil copias de ninguna manera estimulaba el propósito de vivir de su imaginación. Sin hacer ruido, juntos cerraron el lomo de un cuento dadaísta en el que las historias se moldeaban cual plastilina y la música se entendía como un trabajo manual. Publicado por Vinilísssimo


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Formado en Granada por Ani Zinc, que grabó en solitario bajo el nombre Neo Zelanda, y Javier G Marín, el dúo Diseño Corbusier fue un proyecto de vanguardia electrónica fascinante e irrepetible en España. Su segundo LP, El alma de la estrella (1986), es una maravilla de artesanía sonora que reúne elementos de la música industrial, techno minimal, manipulación vocal y una actitud a veces dadaísta y siempre totalmente personal.

A comienzos de 2012, el sello Strut publicaba un recopilatorio que recoge el sonido que llegó del punk cuando los sintetizadores reemplazaron a las guitarras. Entre nombres míticos como DAF, Cabaret Voltaire, Nitzer Ebb, SPK o los experimentos musicales del director John Carpenter, se colaba un grupo del que pocos habían oído hablar: Diseño Corbusier aportaban a Metal Dance. Classics & Rarities 80-88 un tema titulado ‘Golpe de amistad’. Con poco de clásico y más que una rareza, aquel tema puso fin al corto trayecto de uno de los grupos más originales de la escena electrónica nacional. A mediados de los ochenta Granada era un pequeño reducto de resistencia vanguardista. Mientras Madrid sacaba pecho como ciudad protagonista de la nueva ola –la cacareada Movida madrileña–, ajena a cualquier interés mediático la ciudad andaluza formaba parte de un network de alcance europeo en el que la libre circulación de ideas y conocimientos bien se podría asemejar al movimiento actual del copyleft. Una escena internacional donde los músicos hacían de editores y los artistas eran igualmente fans. Intercambiaban música siguiendo esa filosofía del do-it-yourself en la que la casete servía de maravilla como principal vehículo de difusión musical. Ani Zinc se convertiría en experta amateur de estos menesteres. En su casa de Andújar nunca hubo discos, pero la radio le hizo compañía. Era su único contacto con la música. Recibió un primer shock escuchando ‘Remember Love’, la cancioncilla repetitiva de Yoko Ono. Más tarde supo de Llorenç Barber. Solo cuando llegó a Granada para estudiar psicología descubrió que no era la única que compartía el gusto por una música que no se parecía a nada. La proximidad de Granada a África permitía sintonizar tanto emisoras árabes como cadenas de flamenco y música pop. Con un radiocasete grababa aquellos sonidos. Con sus manos realizaba una tarea de corta y pega con las cintas magnéticas. Sin poder quitarse de la cabeza aquella canción de Yoko Ono, empezó a descubrir las posibilidades de su voz. Diseño Corbusier nació de esta obsesión. También de las exploraciones electrónicas de Javier G Marín, entonces estudiante de derecho de primer año. Se habían conocido en 1981 tras un anuncio en la revista musical Vibraciones. Si te gustan grupos como Cabaret Voltaire o Flying Lizards, llámame, anunciaba Marín. Si su primer disco (Pérfido encanto, 1985) fue un vibrante experimento donde los ritmos aún no estaban musculados, con El alma de la estrella el dúo dio un paso al frente. Renovaron equipo electrónico y firmaron un acuerdo de distribución de su propio sello, Auxilio de Cientos, con una de las compañías independientes españolas más solventes de aquellos ochenta. Nuevos Medios se encargaba entonces en España de dar a conocer a sellos como Factory. A Marín se lo habían aconsejado: si el ritmo no se puede bailar los discos no se venderán más. Era 1986 y no paraba de escuchar a DAF. ‘Golpe de amistad’ surgió así como la canción más internacional de un repertorio brillante, expresionista y encantadoramente doméstico. Más suelta que nunca, Ani Zinc manipulaba la realidad como si fuera plastilina. El alma de la estrella reunía todas sus obsesiones. En ‘Chiquillo’ imitó las airadas voces con las que señoras invadían las calles del barrio donde creció. ‘Ritmo 21’ no pudo ocultar su admiración por el registro vocal de Yoko Ono y los discos de las cantantes francesas que su hermana le traía de París. ‘El club del ruido’ surgió como un documento fragmentado de una entrevista que les hicieron en el programa de radio de igual nombre. Todo lo aprovechaban. Marín se encargó de diseñar unas estructuras rítmicas con las que organizarlos. Esta vez sustituyendo un arcaico sintetizador Korg por las potentes bases de un Roland SH101, y la diminuta caja de ritmos Boss DR-55 por otra de construcción alemana que utilizaba sonidos reales de percusión: la MFB-512. Más que música electrónica o tan siquiera industrial, el segundo disco de Diseño Corbusier fue una vibrante obra de artesanía doméstica. Pocos se enteraron. Porque a la supuesta falta de interés de Nuevos Medios por difundir una música más reconocida fuera de España que en su país, no ayudaron las recientes licenciaturas de la pareja. Vender menos de mil copias de ninguna manera estimulaba el propósito de vivir de su imaginación. Sin hacer ruido, juntos cerraron el lomo de un cuento dadaísta en el que las historias se moldeaban cual plastilina y la música se entendía como un trabajo manual. Publicado por Vinilísssimo

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