Catalogo - Los Huracanes

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SKU: MR-SSS 31  |  , ,

El único album de Los Huracanes es una de las cumbres de la música española de los sesenta.

La banda de Valencia registró algunos de los momentos beat, popsike y folk rock más brillantes de la época en este deslumbrante LP, que merece ser finalmente reconocido.

Los Huracanes fueron mucho más que un buen grupo transeúnte de aquellos musicalmente prodigiosos años 60. El combo estaba formado formado por algunos miembros supervivientes de bandas pioneras como los Pantalones Azules (Víctor Ortiz), los Milos o los Top-Son (Pascual Olivas) y la savia nueva aportada por José Casquel, José Segura el Malayo y sobre todo, Julito Andreu. Realmente lo tuvieron todo: avezados instrumentistas con mayúscula, un equipo de excelentes compositores a la altura escogida de los mejores, un cantante versátil capaz de emplear siempre la velocidad adecuada y, por último, un rico imaginario personal. Capaces por igual de crear un nugget que una balada de tinte psicodélico, un slow que un rock’n’roll, el fabuloso beat de los Huracanes ha venido sonando con esa injusta sordina reservada a los grupos periféricos alejados de los grandes centros musicales de producción (es decir, Madrid y Barcelona) y es precisamente ahora cuando su papel estelar emerge con inusitada jerarquía. En Mayo de 1966, un año tras su sorprendente debut con el revelador EP For Your Love, los valencianos se encerraron en los estudios de grabación del sello EMI en Barcelona. Allí comparecen dispuestos a grabar ocho temas con los que completar lo que sería su único álbum, faena que acabarían rematando en un solo día y que habría de resultar hecho insólito tanto por lo poco usual que entonces era grabar un LP por un grupo de beat (nadie excepto los Brincos había publicado un álbum íntegramente compuesto por los propios miembros y muy pocos lo harían después), y aún más, que fuesen ellos mismos quienes tocaran en todo el disco sin ninguna intromisión de músicos profesionales. Imposible diseccionar brevemente un álbum tan exquisito como este. Obligado es, pues, apuntar las tres líneas maestras en las que el grupo decidió moverse para la ocasión. La primera, el beat de ‘Quiero repostar’, una extravagante historia de un marciano que aterriza en La Tierra en busca de carburante, un tema de estructura nugget aunque resuelto con finura mediterránea. Pero son los deslumbrantes breaks iniciales de la batería de Julito Andreu con que ‘Esta tarde a las siete’ abre el LP los que muestran el camino: de ahora en adelante será muy difícil encontrar algo en este disco que no esté en su sitio. Repleta de ecos del ‘Mean Woman Blues de Elvis (aunque recién acababa de publicarse la versión del Spencer Davis Group) y coronada por uno de los solos de guitarra más incandescentes de su carrera, el grupo agarra una tópica estructura de 12-bar blues y la trasciende sin contemplaciones por la inusitada pasión con la que relatan una amorosa cita juvenil. La segunda línea sería la rápida conexión del grupo con la onda folk rock californiana post-Dylan en delicias como ‘El calor del verano’, ‘A la caída del sol’, ‘Dulce despertar’ y, sobre todo, en la excelsa ‘Espérame’. Sostenida esta por un emocionante y doliente tono vocal de Víctor y desarrollada sobre un complejo entramado vocal del grupo, esta conmovedora canción debería figurar con todos los honores como la primera aportación hispana al folk rock psicodélico prácticamente en el mismo año en el que internacionalmente este se hace presente. Por último, quien mejor podría explicar la tercera línea presente en este álbum serían clásicos de la altura de ‘Aún’, ‘El conquistador’, ‘Ocho días cayendo lluvia’, ‘¿Dónde te escondiste?’… Soberbios midtempos popsike de original estructura, a menudo punteados con unos coros ciertamente deliciosos y que, como solía ocurrir en sus mejores momentos, están apoyados en unos textos que siempre incidían graciosa y levemente en aspectos cotidianos absolutamente anecdóticos. Ya que en su momento apenas fueron unos cientos los que llegaron a saborear plenamente este plástico imperecedero, quizás sea ahora precisamente la ocasión propicia para reparar tal ignominia. Vicente Fabuel. Publicado por Vinilísssimo.

Los Huracanes fueron mucho más que un buen grupo transeúnte de aquellos musicalmente prodigiosos años 60. El combo estaba formado por algunos miembros supervivientes de bandas pioneras como los Pantalones Azules (Víctor Ortiz), los Milos o los Top-Son (Pascual Olivas) y la savia nueva aportada por José Casquel, José Segura el Malayo y sobre todo, Julito Andreu. Realmente lo tuvieron todo: avezados instrumentistas con mayúscula, un equipo de excelentes compositores a la altura escogida de los mejores, un cantante versátil capaz de emplear siempre la velocidad adecuada y, por último, un rico imaginario personal. Capaces por igual de crear un nugget que una balada de tinte psicodélico, un slow que un rock'n'roll, el fabuloso beat de los Huracanes ha venido sonando con esa injusta sordina reservada a los grupos periféricos alejados de los grandes centros musicales de producción (es decir, Madrid y Barcelona) y es precisamente ahora cuando su papel estelar emerge con inusitada jerarquía.

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El único album de Los Huracanes es una de las cumbres de la música española de los sesenta.

La banda de Valencia registró algunos de los momentos beat, popsike y folk rock más brillantes de la época en este deslumbrante LP, que merece ser finalmente reconocido.

Los Huracanes fueron mucho más que un buen grupo transeúnte de aquellos musicalmente prodigiosos años 60. El combo estaba formado formado por algunos miembros supervivientes de bandas pioneras como los Pantalones Azules (Víctor Ortiz), los Milos o los Top-Son (Pascual Olivas) y la savia nueva aportada por José Casquel, José Segura el Malayo y sobre todo, Julito Andreu. Realmente lo tuvieron todo: avezados instrumentistas con mayúscula, un equipo de excelentes compositores a la altura escogida de los mejores, un cantante versátil capaz de emplear siempre la velocidad adecuada y, por último, un rico imaginario personal. Capaces por igual de crear un nugget que una balada de tinte psicodélico, un slow que un rock’n’roll, el fabuloso beat de los Huracanes ha venido sonando con esa injusta sordina reservada a los grupos periféricos alejados de los grandes centros musicales de producción (es decir, Madrid y Barcelona) y es precisamente ahora cuando su papel estelar emerge con inusitada jerarquía. En Mayo de 1966, un año tras su sorprendente debut con el revelador EP For Your Love, los valencianos se encerraron en los estudios de grabación del sello EMI en Barcelona. Allí comparecen dispuestos a grabar ocho temas con los que completar lo que sería su único álbum, faena que acabarían rematando en un solo día y que habría de resultar hecho insólito tanto por lo poco usual que entonces era grabar un LP por un grupo de beat (nadie excepto los Brincos había publicado un álbum íntegramente compuesto por los propios miembros y muy pocos lo harían después), y aún más, que fuesen ellos mismos quienes tocaran en todo el disco sin ninguna intromisión de músicos profesionales. Imposible diseccionar brevemente un álbum tan exquisito como este. Obligado es, pues, apuntar las tres líneas maestras en las que el grupo decidió moverse para la ocasión. La primera, el beat de ‘Quiero repostar’, una extravagante historia de un marciano que aterriza en La Tierra en busca de carburante, un tema de estructura nugget aunque resuelto con finura mediterránea. Pero son los deslumbrantes breaks iniciales de la batería de Julito Andreu con que ‘Esta tarde a las siete’ abre el LP los que muestran el camino: de ahora en adelante será muy difícil encontrar algo en este disco que no esté en su sitio. Repleta de ecos del ‘Mean Woman Blues de Elvis (aunque recién acababa de publicarse la versión del Spencer Davis Group) y coronada por uno de los solos de guitarra más incandescentes de su carrera, el grupo agarra una tópica estructura de 12-bar blues y la trasciende sin contemplaciones por la inusitada pasión con la que relatan una amorosa cita juvenil. La segunda línea sería la rápida conexión del grupo con la onda folk rock californiana post-Dylan en delicias como ‘El calor del verano’, ‘A la caída del sol’, ‘Dulce despertar’ y, sobre todo, en la excelsa ‘Espérame’. Sostenida esta por un emocionante y doliente tono vocal de Víctor y desarrollada sobre un complejo entramado vocal del grupo, esta conmovedora canción debería figurar con todos los honores como la primera aportación hispana al folk rock psicodélico prácticamente en el mismo año en el que internacionalmente este se hace presente. Por último, quien mejor podría explicar la tercera línea presente en este álbum serían clásicos de la altura de ‘Aún’, ‘El conquistador’, ‘Ocho días cayendo lluvia’, ‘¿Dónde te escondiste?’… Soberbios midtempos popsike de original estructura, a menudo punteados con unos coros ciertamente deliciosos y que, como solía ocurrir en sus mejores momentos, están apoyados en unos textos que siempre incidían graciosa y levemente en aspectos cotidianos absolutamente anecdóticos. Ya que en su momento apenas fueron unos cientos los que llegaron a saborear plenamente este plástico imperecedero, quizás sea ahora precisamente la ocasión propicia para reparar tal ignominia. Vicente Fabuel. Publicado por Vinilísssimo.

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Los Huracanes fueron mucho más que un buen grupo transeúnte de aquellos musicalmente prodigiosos años 60. El combo estaba formado formado por algunos miembros supervivientes de bandas pioneras como los Pantalones Azules (Víctor Ortiz), los Milos o los Top-Son (Pascual Olivas) y la savia nueva aportada por José Casquel, José Segura el Malayo y sobre todo, Julito Andreu. Realmente lo tuvieron todo: avezados instrumentistas con mayúscula, un equipo de excelentes compositores a la altura escogida de los mejores, un cantante versátil capaz de emplear siempre la velocidad adecuada y, por último, un rico imaginario personal. Capaces por igual de crear un nugget que una balada de tinte psicodélico, un slow que un rock’n’roll, el fabuloso beat de los Huracanes ha venido sonando con esa injusta sordina reservada a los grupos periféricos alejados de los grandes centros musicales de producción (es decir, Madrid y Barcelona) y es precisamente ahora cuando su papel estelar emerge con inusitada jerarquía. En Mayo de 1966, un año tras su sorprendente debut con el revelador EP For Your Love, los valencianos se encerraron en los estudios de grabación del sello EMI en Barcelona. Allí comparecen dispuestos a grabar ocho temas con los que completar lo que sería su único álbum, faena que acabarían rematando en un solo día y que habría de resultar hecho insólito tanto por lo poco usual que entonces era grabar un LP por un grupo de beat (nadie excepto los Brincos había publicado un álbum íntegramente compuesto por los propios miembros y muy pocos lo harían después), y aún más, que fuesen ellos mismos quienes tocaran en todo el disco sin ninguna intromisión de músicos profesionales. Imposible diseccionar brevemente un álbum tan exquisito como este. Obligado es, pues, apuntar las tres líneas maestras en las que el grupo decidió moverse para la ocasión. La primera, el beat de ‘Quiero repostar’, una extravagante historia de un marciano que aterriza en La Tierra en busca de carburante, un tema de estructura nugget aunque resuelto con finura mediterránea. Pero son los deslumbrantes breaks iniciales de la batería de Julito Andreu con que ‘Esta tarde a las siete’ abre el LP los que muestran el camino: de ahora en adelante será muy difícil encontrar algo en este disco que no esté en su sitio. Repleta de ecos del ‘Mean Woman Blues de Elvis (aunque recién acababa de publicarse la versión del Spencer Davis Group) y coronada por uno de los solos de guitarra más incandescentes de su carrera, el grupo agarra una tópica estructura de 12-bar blues y la trasciende sin contemplaciones por la inusitada pasión con la que relatan una amorosa cita juvenil. La segunda línea sería la rápida conexión del grupo con la onda folk rock californiana post-Dylan en delicias como ‘El calor del verano’, ‘A la caída del sol’, ‘Dulce despertar’ y, sobre todo, en la excelsa ‘Espérame’. Sostenida esta por un emocionante y doliente tono vocal de Víctor y desarrollada sobre un complejo entramado vocal del grupo, esta conmovedora canción debería figurar con todos los honores como la primera aportación hispana al folk rock psicodélico prácticamente en el mismo año en el que internacionalmente este se hace presente. Por último, quien mejor podría explicar la tercera línea presente en este álbum serían clásicos de la altura de ‘Aún’, ‘El conquistador’, ‘Ocho días cayendo lluvia’, ‘¿Dónde te escondiste?’… Soberbios midtempos popsike de original estructura, a menudo punteados con unos coros ciertamente deliciosos y que, como solía ocurrir en sus mejores momentos, están apoyados en unos textos que siempre incidían graciosa y levemente en aspectos cotidianos absolutamente anecdóticos. Ya que en su momento apenas fueron unos cientos los que llegaron a saborear plenamente este plástico imperecedero, quizás sea ahora precisamente la ocasión propicia para reparar tal ignominia. Vicente Fabuel. Publicado por Vinilísssimo.


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Los Huracanes fueron mucho más que un buen grupo transeúnte de aquellos musicalmente prodigiosos años 60. El combo estaba formado formado por algunos miembros supervivientes de bandas pioneras como los Pantalones Azules (Víctor Ortiz), los Milos o los Top-Son (Pascual Olivas) y la savia nueva aportada por José Casquel, José Segura el Malayo y sobre todo, Julito Andreu. Realmente lo tuvieron todo: avezados instrumentistas con mayúscula, un equipo de excelentes compositores a la altura escogida de los mejores, un cantante versátil capaz de emplear siempre la velocidad adecuada y, por último, un rico imaginario personal. Capaces por igual de crear un nugget que una balada de tinte psicodélico, un slow que un rock’n’roll, el fabuloso beat de los Huracanes ha venido sonando con esa injusta sordina reservada a los grupos periféricos alejados de los grandes centros musicales de producción (es decir, Madrid y Barcelona) y es precisamente ahora cuando su papel estelar emerge con inusitada jerarquía. En Mayo de 1966, un año tras su sorprendente debut con el revelador EP For Your Love, los valencianos se encerraron en los estudios de grabación del sello EMI en Barcelona. Allí comparecen dispuestos a grabar ocho temas con los que completar lo que sería su único álbum, faena que acabarían rematando en un solo día y que habría de resultar hecho insólito tanto por lo poco usual que entonces era grabar un LP por un grupo de beat (nadie excepto los Brincos había publicado un álbum íntegramente compuesto por los propios miembros y muy pocos lo harían después), y aún más, que fuesen ellos mismos quienes tocaran en todo el disco sin ninguna intromisión de músicos profesionales. Imposible diseccionar brevemente un álbum tan exquisito como este. Obligado es, pues, apuntar las tres líneas maestras en las que el grupo decidió moverse para la ocasión. La primera, el beat de ‘Quiero repostar’, una extravagante historia de un marciano que aterriza en La Tierra en busca de carburante, un tema de estructura nugget aunque resuelto con finura mediterránea. Pero son los deslumbrantes breaks iniciales de la batería de Julito Andreu con que ‘Esta tarde a las siete’ abre el LP los que muestran el camino: de ahora en adelante será muy difícil encontrar algo en este disco que no esté en su sitio. Repleta de ecos del ‘Mean Woman Blues de Elvis (aunque recién acababa de publicarse la versión del Spencer Davis Group) y coronada por uno de los solos de guitarra más incandescentes de su carrera, el grupo agarra una tópica estructura de 12-bar blues y la trasciende sin contemplaciones por la inusitada pasión con la que relatan una amorosa cita juvenil. La segunda línea sería la rápida conexión del grupo con la onda folk rock californiana post-Dylan en delicias como ‘El calor del verano’, ‘A la caída del sol’, ‘Dulce despertar’ y, sobre todo, en la excelsa ‘Espérame’. Sostenida esta por un emocionante y doliente tono vocal de Víctor y desarrollada sobre un complejo entramado vocal del grupo, esta conmovedora canción debería figurar con todos los honores como la primera aportación hispana al folk rock psicodélico prácticamente en el mismo año en el que internacionalmente este se hace presente. Por último, quien mejor podría explicar la tercera línea presente en este álbum serían clásicos de la altura de ‘Aún’, ‘El conquistador’, ‘Ocho días cayendo lluvia’, ‘¿Dónde te escondiste?’… Soberbios midtempos popsike de original estructura, a menudo punteados con unos coros ciertamente deliciosos y que, como solía ocurrir en sus mejores momentos, están apoyados en unos textos que siempre incidían graciosa y levemente en aspectos cotidianos absolutamente anecdóticos. Ya que en su momento apenas fueron unos cientos los que llegaron a saborear plenamente este plástico imperecedero, quizás sea ahora precisamente la ocasión propicia para reparar tal ignominia. Vicente Fabuel. Publicado por Vinilísssimo.

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