The Ansonia Years 1969-1971

Cortijo

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Cortijo

The Ansonia Years 1969-1971


SKU: VAMPI CD 166  |  , , , ,

The Ansonia Years reúne las mejores grabaciones realizadas por Rafael Cortijo, una de las figuras esenciales de la música de Puerto Rico, para Ansonia Records entre 1969 y 1971. Extraídas de los álbumes Noche de temporal, Ritmos y cantos callejeros y Volumen 2, Cortijo cuenta aquí con el acompañamiento de otros artistas clave como Kako, Chivirico, Ismael Rivera y Javier Vázquez. Como músico callejero y como director de orquesta, Cortijo logró llevar las tradiciones afropuertorriqueñas a los salones de baile latino más prestigiosos de su época, convirtiéndose en el arquitecto de un estilo de salsa de expresión afrocaribeña y puertorriqueña, callejera pero distinta de su tradición nuevayorquina. Dos caras de una misma moneda para un héroe cultural de los barrios de Puerto Rico y del Caribe, que sus tres producciones para el sello Ansonia permiten apreciar en un centelleo de matices. La mayoría de temas reeditados por primera vez.

El 7 de mayo del 1970 en la ciudad de Nueva York, Rafael Cortijo se reúne con un grupo de amigos de toda la vida para emprender un viaje musical hacia sus raíces afrocaribeñas. Por primera vez en un proyecto de grabación, el afamado percusionista puertorriqueño, embajador de la bomba y de la plena desde los años 50, decide plasmar su repertorio de ritmos insulares en una expresión más cruda, desvistiéndolos de orquestaciones, con la idea de recrear desde el estudio las fiestas de tambores que habían marcado su juventud en el barrio de Santurce, en San Juan de Puerto Rico. En esta jornada lo acompañan su homólogo percusionista y binomio en esta producción, Francisco Kako Bastar, así como los cantantes Rafael Chivirico Dávila como vocalista principal e Ismael Rivera en el coro, en esa época entre los artistas más destacados de la música latina, quienes se habían criado todos junto a Cortijo en las calles de San Juan. Fruto de esta histórica sesión, el álbum Ritmos y cantos callejeros de Cortijo y Kako y sus Tambores, resultó ser una contribución fundamental a la efervescencia sonora e identitaria que precedió el boom de la salsa en Nueva York y el Caribe. Mientras una nueva generación de inmigrantes de origen latino, en su mayoría puertorriqueños, sacaban sus tambores por Central Park y por las calles del Bronx para abrirse un espacio en la Ciudad de los Rascacielos, Cortijo y sus amigos reafirmaban la inmensa riqueza de su herencia tamborera puertorriqueña, al mismo tiempo que el vínculo entre este patrimonio y la música popular de su época. Hoy considerado un clásico DA FUNK Afro Boricua Style, según palabras del productor nuyorican Bobby Matos, este disco homenaje a las tradiciones isleñas sin embargo no es un documento de etnomusicología. Lejos de ser un folclorista, Rafael Cortijo siempre tuvo un acercamiento a la tradición más pragmático que ortodoxo: en esta, como en todas sus grabaciones de bomba y plena, Cortijo y Kako recurrieron en particular a un set de percusiones afrocubanas (congas, timbales y bongos) que consideraban más conveniente que sus equivalentes puertorriqueños, los tradicionales barriles de bomba y panderos de plena. A la par del álbum Ritmos y cantos callejeros, Cortijo registró entre 1969 y 1971 otros dos discos de larga duración para el mismo sello Ansonia Records, Noche de temporal y Volumen 2, ambos en la onda del combo fallido con el que el maestro se había dado a conocer en los años 50. Punta de lanza para el movimiento de la salsa en Puerto Rico, Cortijo y su Combo habían revolucionado la música tropical bailable de su época, desarrollando un sello sonoro que, ante la creciente sofisticación de las orquestas latinas, valorizaba por el contrario el carácter espontáneo y barrial de sus ritmos caribeños. Percusiones y voces por el frente, el combo de Cortijo brindaba la energía impetuosa de una comparsa de carnaval, muy distinta de la formalidad rutinaria de una big band tropical. Arduo defensor de la bomba y de la plena a lo largo de sus treinta años de su carrera, Cortijo también se distinguió por explorar las ramificaciones y simbiosis de la diversidad rítmica afroantillana, con énfasis en el diálogo entre sus formas puertorriqueñas y cubanas. Sus dos producciones en formato de combo para el sello Ansonia presentan un interés especial en este sentido, destacándose en ellas la participación del cubano Javier Vázquez, primero conocido como pianista de la Sonora Matancera, luego por ser uno de los principales arreglistas de la salsa producida en Nueva York en los años 70.

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The Ansonia Years reúne las mejores grabaciones realizadas por Rafael Cortijo, una de las figuras esenciales de la música de Puerto Rico, para Ansonia Records entre 1969 y 1971. Extraídas de los álbumes Noche de temporal, Ritmos y cantos callejeros y Volumen 2, Cortijo cuenta aquí con el acompañamiento de otros artistas clave como Kako, Chivirico, Ismael Rivera y Javier Vázquez. Como músico callejero y como director de orquesta, Cortijo logró llevar las tradiciones afropuertorriqueñas a los salones de baile latino más prestigiosos de su época, convirtiéndose en el arquitecto de un estilo de salsa de expresión afrocaribeña y puertorriqueña, callejera pero distinta de su tradición nuevayorquina. Dos caras de una misma moneda para un héroe cultural de los barrios de Puerto Rico y del Caribe, que sus tres producciones para el sello Ansonia permiten apreciar en un centelleo de matices. La mayoría de temas reeditados por primera vez.

El 7 de mayo del 1970 en la ciudad de Nueva York, Rafael Cortijo se reúne con un grupo de amigos de toda la vida para emprender un viaje musical hacia sus raíces afrocaribeñas. Por primera vez en un proyecto de grabación, el afamado percusionista puertorriqueño, embajador de la bomba y de la plena desde los años 50, decide plasmar su repertorio de ritmos insulares en una expresión más cruda, desvistiéndolos de orquestaciones, con la idea de recrear desde el estudio las fiestas de tambores que habían marcado su juventud en el barrio de Santurce, en San Juan de Puerto Rico. En esta jornada lo acompañan su homólogo percusionista y binomio en esta producción, Francisco Kako Bastar, así como los cantantes Rafael Chivirico Dávila como vocalista principal e Ismael Rivera en el coro, en esa época entre los artistas más destacados de la música latina, quienes se habían criado todos junto a Cortijo en las calles de San Juan. Fruto de esta histórica sesión, el álbum Ritmos y cantos callejeros de Cortijo y Kako y sus Tambores, resultó ser una contribución fundamental a la efervescencia sonora e identitaria que precedió el boom de la salsa en Nueva York y el Caribe. Mientras una nueva generación de inmigrantes de origen latino, en su mayoría puertorriqueños, sacaban sus tambores por Central Park y por las calles del Bronx para abrirse un espacio en la Ciudad de los Rascacielos, Cortijo y sus amigos reafirmaban la inmensa riqueza de su herencia tamborera puertorriqueña, al mismo tiempo que el vínculo entre este patrimonio y la música popular de su época. Hoy considerado un clásico DA FUNK Afro Boricua Style, según palabras del productor nuyorican Bobby Matos, este disco homenaje a las tradiciones isleñas sin embargo no es un documento de etnomusicología. Lejos de ser un folclorista, Rafael Cortijo siempre tuvo un acercamiento a la tradición más pragmático que ortodoxo: en esta, como en todas sus grabaciones de bomba y plena, Cortijo y Kako recurrieron en particular a un set de percusiones afrocubanas (congas, timbales y bongos) que consideraban más conveniente que sus equivalentes puertorriqueños, los tradicionales barriles de bomba y panderos de plena. A la par del álbum Ritmos y cantos callejeros, Cortijo registró entre 1969 y 1971 otros dos discos de larga duración para el mismo sello Ansonia Records, Noche de temporal y Volumen 2, ambos en la onda del combo fallido con el que el maestro se había dado a conocer en los años 50. Punta de lanza para el movimiento de la salsa en Puerto Rico, Cortijo y su Combo habían revolucionado la música tropical bailable de su época, desarrollando un sello sonoro que, ante la creciente sofisticación de las orquestas latinas, valorizaba por el contrario el carácter espontáneo y barrial de sus ritmos caribeños. Percusiones y voces por el frente, el combo de Cortijo brindaba la energía impetuosa de una comparsa de carnaval, muy distinta de la formalidad rutinaria de una big band tropical. Arduo defensor de la bomba y de la plena a lo largo de sus treinta años de su carrera, Cortijo también se distinguió por explorar las ramificaciones y simbiosis de la diversidad rítmica afroantillana, con énfasis en el diálogo entre sus formas puertorriqueñas y cubanas. Sus dos producciones en formato de combo para el sello Ansonia presentan un interés especial en este sentido, destacándose en ellas la participación del cubano Javier Vázquez, primero conocido como pianista de la Sonora Matancera, luego por ser uno de los principales arreglistas de la salsa producida en Nueva York en los años 70.

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The Ansonia Years reúne las mejores grabaciones realizadas por Rafael Cortijo, una de las figuras esenciales de la música de Puerto Rico, para Ansonia Records entre 1969 y 1971. Extraídas de los álbumes Noche de temporal, Ritmos y cantos callejeros y Volumen 2, Cortijo cuenta aquí con el acompañamiento de otros artistas clave como Kako, Chivirico, Ismael Rivera y Javier Vázquez. Como músico callejero y como director de orquesta, Cortijo logró llevar las tradiciones afropuertorriqueñas a los salones de baile latino más prestigiosos de su época, convirtiéndose en el arquitecto de un estilo de salsa de expresión afrocaribeña y puertorriqueña, callejera pero distinta de su tradición nuevayorquina. Dos caras de una misma moneda para un héroe cultural de los barrios de Puerto Rico y del Caribe, que sus tres producciones para el sello Ansonia permiten apreciar en un centelleo de matices. La mayoría de temas reeditados por primera vez.

El 7 de mayo del 1970 en la ciudad de Nueva York, Rafael Cortijo se reúne con un grupo de amigos de toda la vida para emprender un viaje musical hacia sus raíces afrocaribeñas. Por primera vez en un proyecto de grabación, el afamado percusionista puertorriqueño, embajador de la bomba y de la plena desde los años 50, decide plasmar su repertorio de ritmos insulares en una expresión más cruda, desvistiéndolos de orquestaciones, con la idea de recrear desde el estudio las fiestas de tambores que habían marcado su juventud en el barrio de Santurce, en San Juan de Puerto Rico. En esta jornada lo acompañan su homólogo percusionista y binomio en esta producción, Francisco Kako Bastar, así como los cantantes Rafael Chivirico Dávila como vocalista principal e Ismael Rivera en el coro, en esa época entre los artistas más destacados de la música latina, quienes se habían criado todos junto a Cortijo en las calles de San Juan. Fruto de esta histórica sesión, el álbum Ritmos y cantos callejeros de Cortijo y Kako y sus Tambores, resultó ser una contribución fundamental a la efervescencia sonora e identitaria que precedió el boom de la salsa en Nueva York y el Caribe. Mientras una nueva generación de inmigrantes de origen latino, en su mayoría puertorriqueños, sacaban sus tambores por Central Park y por las calles del Bronx para abrirse un espacio en la Ciudad de los Rascacielos, Cortijo y sus amigos reafirmaban la inmensa riqueza de su herencia tamborera puertorriqueña, al mismo tiempo que el vínculo entre este patrimonio y la música popular de su época. Hoy considerado un clásico DA FUNK Afro Boricua Style, según palabras del productor nuyorican Bobby Matos, este disco homenaje a las tradiciones isleñas sin embargo no es un documento de etnomusicología. Lejos de ser un folclorista, Rafael Cortijo siempre tuvo un acercamiento a la tradición más pragmático que ortodoxo: en esta, como en todas sus grabaciones de bomba y plena, Cortijo y Kako recurrieron en particular a un set de percusiones afrocubanas (congas, timbales y bongos) que consideraban más conveniente que sus equivalentes puertorriqueños, los tradicionales barriles de bomba y panderos de plena. A la par del álbum Ritmos y cantos callejeros, Cortijo registró entre 1969 y 1971 otros dos discos de larga duración para el mismo sello Ansonia Records, Noche de temporal y Volumen 2, ambos en la onda del combo fallido con el que el maestro se había dado a conocer en los años 50. Punta de lanza para el movimiento de la salsa en Puerto Rico, Cortijo y su Combo habían revolucionado la música tropical bailable de su época, desarrollando un sello sonoro que, ante la creciente sofisticación de las orquestas latinas, valorizaba por el contrario el carácter espontáneo y barrial de sus ritmos caribeños. Percusiones y voces por el frente, el combo de Cortijo brindaba la energía impetuosa de una comparsa de carnaval, muy distinta de la formalidad rutinaria de una big band tropical. Arduo defensor de la bomba y de la plena a lo largo de sus treinta años de su carrera, Cortijo también se distinguió por explorar las ramificaciones y simbiosis de la diversidad rítmica afroantillana, con énfasis en el diálogo entre sus formas puertorriqueñas y cubanas. Sus dos producciones en formato de combo para el sello Ansonia presentan un interés especial en este sentido, destacándose en ellas la participación del cubano Javier Vázquez, primero conocido como pianista de la Sonora Matancera, luego por ser uno de los principales arreglistas de la salsa producida en Nueva York en los años 70.

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El 7 de mayo del 1970 en la ciudad de Nueva York, Rafael Cortijo se reúne con un grupo de amigos de toda la vida para emprender un viaje musical hacia sus raíces afrocaribeñas. Por primera vez en un proyecto de grabación, el afamado percusionista puertorriqueño, embajador de la bomba y de la plena desde los años 50, decide plasmar su repertorio de ritmos insulares en una expresión más cruda, desvistiéndolos de orquestaciones, con la idea de recrear desde el estudio las fiestas de tambores que habían marcado su juventud en el barrio de Santurce, en San Juan de Puerto Rico. En esta jornada lo acompañan su homólogo percusionista y binomio en esta producción, Francisco Kako Bastar, así como los cantantes Rafael Chivirico Dávila como vocalista principal e Ismael Rivera en el coro, en esa época entre los artistas más destacados de la música latina, quienes se habían criado todos junto a Cortijo en las calles de San Juan. Fruto de esta histórica sesión, el álbum Ritmos y cantos callejeros de Cortijo y Kako y sus Tambores, resultó ser una contribución fundamental a la efervescencia sonora e identitaria que precedió el boom de la salsa en Nueva York y el Caribe. Mientras una nueva generación de inmigrantes de origen latino, en su mayoría puertorriqueños, sacaban sus tambores por Central Park y por las calles del Bronx para abrirse un espacio en la Ciudad de los Rascacielos, Cortijo y sus amigos reafirmaban la inmensa riqueza de su herencia tamborera puertorriqueña, al mismo tiempo que el vínculo entre este patrimonio y la música popular de su época. Hoy considerado un clásico DA FUNK Afro Boricua Style, según palabras del productor nuyorican Bobby Matos, este disco homenaje a las tradiciones isleñas sin embargo no es un documento de etnomusicología. Lejos de ser un folclorista, Rafael Cortijo siempre tuvo un acercamiento a la tradición más pragmático que ortodoxo: en esta, como en todas sus grabaciones de bomba y plena, Cortijo y Kako recurrieron en particular a un set de percusiones afrocubanas (congas, timbales y bongos) que consideraban más conveniente que sus equivalentes puertorriqueños, los tradicionales barriles de bomba y panderos de plena. A la par del álbum Ritmos y cantos callejeros, Cortijo registró entre 1969 y 1971 otros dos discos de larga duración para el mismo sello Ansonia Records, Noche de temporal y Volumen 2, ambos en la onda del combo fallido con el que el maestro se había dado a conocer en los años 50. Punta de lanza para el movimiento de la salsa en Puerto Rico, Cortijo y su Combo habían revolucionado la música tropical bailable de su época, desarrollando un sello sonoro que, ante la creciente sofisticación de las orquestas latinas, valorizaba por el contrario el carácter espontáneo y barrial de sus ritmos caribeños. Percusiones y voces por el frente, el combo de Cortijo brindaba la energía impetuosa de una comparsa de carnaval, muy distinta de la formalidad rutinaria de una big band tropical. Arduo defensor de la bomba y de la plena a lo largo de sus treinta años de su carrera, Cortijo también se distinguió por explorar las ramificaciones y simbiosis de la diversidad rítmica afroantillana, con énfasis en el diálogo entre sus formas puertorriqueñas y cubanas. Sus dos producciones en formato de combo para el sello Ansonia presentan un interés especial en este sentido, destacándose en ellas la participación del cubano Javier Vázquez, primero conocido como pianista de la Sonora Matancera, luego por ser uno de los principales arreglistas de la salsa producida en Nueva York en los años 70.